domingo, diciembre 14, 2008

Comprensivo

No desesperes, ya falta poco, y seguramente ya nos están esperando. Recuerdo la ultima vez que los vimos, tan lejano el tiempo ya, aunque parecería que fue ayer. Sí, lo tengo bien presente. Lo único malo es que está tan presente que no hay forma ya de deshacerme de eso. En fin, no importa. Lo importante es que ya vamos de regreso. En cualquier momento esos arbolitos que crecieron contigo aparecerán al lado de tu ventanilla. Del mío se verá a lo lejos aquél cerro donde una vez tu mamá y yo... bueno, no tienes edad aún para saber estas cosas pero ya la tendrás, y te auguro suerte, como a todos los miembros de mi familia... Aunque en tu caso... bueno, en tu caso no se sabe. Tan sorprendente fue cuando de la escuela me mandaron llamar... pero, no pongas esa cara. Es completamente normal. Hasta a mi me pasó un par de veces. Bueno... tal vez mas.
Pero me pasó.
Ahora que no tan seguido como a ti, pero bueno.


Mira, la casa, tan vacía.
No llores. Ya no.

miércoles, noviembre 26, 2008

Intento descabellado (fragmento)

Intenté decírtelo, pero ahora ya es demasiado tarde. Si no me hubiera tragado la advertencia, ahora seriamos otros: tu con tu trabajo cómodo, sin pros ni contras. Con tu carita linda, pintados los labios, los ojos delineados, seduciendo sin querer a cuanto ruletero y vendedor de chicles esquinero te topases, y seduciendo a propósito al triste banquero, al jodido jefe de departamento y al hijo de puta dueño del gimnasio nomás por que está bien bueno y se te antojó. Cobrando lo que quisieras por que sabes que te lo van a dar todo. Dejándolos deseando mas, más y maáaas. Ahora por arriba, no que eso te sale al doble, pero bueno, que por ser para ti hay descuento y el muy imbécil tragándola por completo, y tu sacándole hasta el ultimo centavo.¿No sientes remordimientos? Saber que le estás robando noches a mujeres simples, amorosas y creyentes en la fidelidad. Saber que no sólo son las noches que pasan contigo, sino las noches que no lo están. Aquellas que deberían dedicarle al amor santificado, las revuelves en el recuerdo de tu aliento y en la presión de tus piernas, esas que ha tomado prestadas la mujer que lo ama y lo respeta. No me digas que no lo sabes, por que apuesto todo mi salario mínimo a que ellos te lo confiesan, te lo dicen todo a la primera oportunidad que tienen. Y tu como si nada: es tanto mas el tiempo extra mas el cuarto que en mi departamento no entras ni a putazos. Claro, esto último no se los dices, no te vayas a quedar sin clientela.

lunes, octubre 27, 2008

Un abismo

Un abismo
Comparar un abismo atisbando el deseo que nace no sé de donde.
Tanto desorden causas en mi caos.
Me reconforta saber que en un instante el fuego eterno de tus labios
me ha de consumir por completo (qué patéticamente romántico)
Tan compleja es mi vida, o tan insípida
Solo es un reclamo de mis manos por tenerte toda, que no puedo

domingo, octubre 26, 2008

______

Me gustaba saberme como único receptor de aquellas palabras escritas. Me gustaba pensar que nadie más se enteraba de esas cosas.
Hoy ya no es así.
Hoy tengo atravesada una tristeza en la garganta, una vez más.
Hoy, admiran a alguien más.
Hoy, no se me revela un intenso fuego por mirarme ni abrazarme.
No, no a mí.
No puedo hacer nada ante algo que se me advirtió. Bueno, sólo una cosa: aparentar que no pasa nada en mis básicos sentimientos.
De todos modos, ha de enterarse.

JJ

miércoles, octubre 22, 2008

Yo Confieso

Padre, confieso que la quiero. Me resguardé en un poema de noche, entre sus cálidos labios y sus manos serenas, entre su blanca piel y su vientre tristísimo. Me perdí en sus pupilas como entre hojas secas y lágrimas reprimidas, perdidas. Me convencí que no debía y no podía. ¿Quien era yo, después de todo, para tenerla conmigo? Nadie, por supuesto. Me siento, me sé ladrón. Debe existir un porqué, pero no lo encuentro. Debe existir un cuándo que no recuerdo, no me interesa recordarlo. Debe existir un cómo que no domino. Debe existir un Dios que permita todo eso y considero, sinceramente, arrepentirme de mis pecados, por que la Gracia hizo que para ella yo existiese, no encuentro otra explicación. Venganza, Justicia Divina, he de pagar por mi alejamiento: Yo pecador, dominante de mentiras dominado. Yo que engaño y no merezco piedad. Yo que sufro por cuenta propia. Yo, con el amor muerto. Yo me acuso, Padre, de Quererla como no tiene una maldita idea. Y temo, confieso que le temo a Dios, por que ahora se que existe, que todo lo ve y todo lo sabe.
Sabe que la necesito, sabe que yo con ella Soy. Entonces sabe donde debe golpear para acabar conmigo. Sabe que mi castigo, el único que realmente me destruirá, ha de ser alejarme de ella, ha de ser quitándomela, llevándose mi único motivo para seguir. Por que la quiero tanto, Padre, que Dios la utiliza para abofetearme con su existencia. Ese Dios que olvidé, rencoroso.
Ese Dios que no olvida nunca a alguien como yo, que lo reta, que lo insulta.
Que lo necesita.

J. Barragán

viernes, septiembre 19, 2008

Ni modo,

hoy no le hago a la poesía. Tengo un callo pseudosentimental.

Nunca he fallado, nunca.

Debía encontrarme con aquél hombre donde habíamos quedado de vernos, vía correo electrónico, dos días antes. En situaciones como está lo más importante es saber lo menos posible de la persona con quien se cierra el trato. Las especificaciones eran claras, precisas: él llevaría el paquete dentro de un portafolios negro de medidas específicas, iría vestido con camisa y corbata, lentes oscuros y un saco beige. Algo no tan fuera de lo común, a excepción de lo que me haría saber que se trataba de él: un reloj digital, con extensibles amarillos y colocado en la muñeca derecha. Tendría que revisar a partir de su hora de llegada cada quince minutos el ridículo accesorio. En la tercera ocasión en que revisara el uso horario de éste sector del mundo, se quitaría el saco y no deberían pasar más de veinte segundos para que yo le abordara e intercambiáramos nuestros paquetes, discretamente. Un plan perfecto, exquisito.
Desde la cafetería donde yo me encontraba alcanzaba a ver al tipo perfectamente.
Quince minutos pasaron. El tipo, al pie de la letra, miró su reloj por primera vez.
Todo iba conforme al plan. Todo, excepto una cosa: yo no traía mi correspondiente paquete. El malnacido que lo iba a conseguir había sido encontrado muerto unas horas antes. El paquete, por supuesto, no se encontró. Se sospecha que su constitución física era de un material biodegradable, y a los pocos minutos de hacer contacto con la tierra simplemente se desintegró. Volvió al lugar al que pertenecía,a la nada. Yo por supuesto, lo dudo.
Así que sólo me quedaba media hora para pensar en algo. Tenía que ser brillante, digno de mis habilidades y mi capacidad inventiva. Debía salir de ahí no solo con el paquete, si no sin siquiera un rasguño.
Quince minutos pasaron y vino el segundo vistazo, rápido pero mortal, hacia aquel canariesco artefacto.
El portafolios negro, bien custodiado por las manos firmes de aquel individuo.
Si quería salir victorioso, debía pensar en algo lo mas pronto posible.

De pronto vino a mi mente un nuevo plan, funesto pero increíblemente efectivo. Todo debía llevarse a cabo en menos de diez segundos. Bien, estaba decidido y por supuesto, preparado. Hasta la última duda que pudiera existir en mí en ese momento, había desaparecido.
Calculé, exactamente un minuto antes del tercer y último vistazo. Me levanté rápidamente, llevando la taza con la mitad del café ya tibio conmigo. Crucé la calle corriendo, justo cuando el semáforo se encontraba en rojo. Entré a aquel establecimiento, rodeando las mesas para quedar justo detrás de aquel individuo.
Bien, ahora solo necesitaba una servilleta, que con mi ojo agudo encontré en la mesa de junto, justo cuando el tercer y último advenimiento al reloj aconteció.
Ahora eran sus veinte segundos contra los diez míos. Volteó, por supuesto yo lo esperaba.
Sabía que en ese último momento alguien debía dudar, y no podía ser yo. No esta vez.
Ya antes había perdido demasiado por dudar. Juré no hacerlo de nuevo.
Sabía que en cualquier momento se incorporaría. Yo debía demostrar que una taza es mas veloz que una bala, y mas endiablada aún. Además, tenía la servilleta y una sola oportunidad para usarla. Suficiente, eso debía ser suficiente.

Su mano entró en el bolsillo oculto de aquel saco arrugado. Su mirada fija en mi, tratando de grabar en su mente mi verdadero rostro. Aquél, que ni yo mismo recuerdo.
Dudar, alguien tenía que dudar, y Dios sabe que no podía, no debía ser yo.
La taza estaba en justa posición. Solo necesitaba un segundo de su distracción y el café haría el resto. Además aun tenia la jugada de la servilleta.
Entonces pasó. Un parpadeo, mortal para aquél que lo hiciera. No podía ser yo. No debía.
No fui yo.
Un segundo antes de que la bala atravesara la cesta de pan que se encontraba justo detrás de mi, la taza de café ya había hecho su trabajo.
Cinco, diez, mil pedazos de porcelana volaron por los aires, algunas manchadas de la sangre de aquél pobre diablo. Tan certero fue aquél golpe que su cuerpo inconsciente cayó sobre la mesa de al lado, comprobando la fragilidad de algunos muebles de restaurante. Inerte, yacía en el piso multicolor, Algo le salía de la oreja, algo que agregaba un toque rojo que destruía la perfecta simetría del mosaico.
Una señora gritó histéricamente, provocando el caos en aquel lugar. Aprovechando dicha conmoción, cogí como pude aquel portafolios negro. Salí corriendo de ahí.
Una, diez, mil cuadras y varios minutos pasaron. Faltaba todavía una hora para la entrega, suficiente para reponer energías y comer algo.
Entré entonces a un restaurante bien ubicado y con los precios un poco altos. Pensé que yo merecía aquel pequeño lujo, sobre todo luego de haber pasado todo lo que pasé. Sé que en la modesta cafetería de enfrente todo debe ser mas barato, pero por hoy, éste lugar está bien.
Además, no había visto un piso tan peculiar, con mosaicos multicolores y tan limpio, a excepción de una mancha roja encontrada bajo la mesa de al lado. Nada que en ese momento no pudiera tolerar.
Pedí el menú del día. Revisé mis bolsillos buscando mi cartera y encontré la servilleta, aquella que no fue necesario utilizar. La dejé en la mesa de al lado. Después de todo, a alguien le puede ser de utilidad.
Falta poco tiempo para la transacción.¡Carajo! Como odio este reloj. Definitivamente el amarillo no va conmigo.
Y pensar que lo debo revisar tres veces antes de la entrega.
Ni modo, tenemos un convenio. No quiero perder la vida por una estupidez.


JJ Barragán